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domingo, 3 de marzo de 2013

DEBATIR LA EDUCACIÓN


por Martín Vera

El proceso judicial en contra de la ex líder del sindicato magisterial, Elba Esther Gordillo, levantó una enorme polémica nacional, que va desde los aspectos jurídicos, los políticos, hasta el hecho de que, independientemente de que el enriquecimiento inexplicable es evidente,  hay varios aspectos que son bastante confusos, por decir lo menos, como son  la condena previa que ya se emitió en los diversos medios y por instituciones oficiales,  la estrategia de escarnio político y la rapidez con la cual el SNTE la sustituyó en el cargo de presidenta de la organización, lo que se lee como una sentencia de culpabilidad tácita, aunque legalmente, en teoría, en nuestro estado de derecho, cada quien es inocente hasta que se pruebe lo contrario.

Cuando transcurra la atención por este asunto, aún quedará pendiente el tema de fondo, el rumbo de la educación. Aquí lo interesante será ver si la situación de una sola persona puede definir un nuevo camino en materia educativa o es una percepción absolutamente falsa, que encierra acuerdos y percepciones que se han venido negociando desde años atrás, para imponer un nuevo modelo tanto dogmático como de propiedad de las escuelas, la relación laboral de los maestros y el vínculo entre la educación y las necesidades de la industria y los negocios, en un entorno globalizado, muy diferente al que definió los principios de la educación progresista y nacionalista que administraron figuras como Jaime Torres Bodet o José Vasconcelos y en las que incluso se supone que habría sido educado el actual secretario de educación, Emilio Chuayffet.

La educación en México es un tema muy complejo y muy conflictivo.  Hay diversas teorías, interpretaciones, estrategias y proyectos que no permiten identificar una sola línea para el presente o para el futuro.  Está el modelo de la educación, generada desde la Revolución Mexicana que habla de un fenómeno ligado a la democracia y el desarrollo individual y social, con tintes nacionalistas y progresistas. En el extremo opuesto, se encuentra un modelo que privilegia la propiedad privada y la orientación técnica de la educación, vinculada a los fenómenos socioeconómicos de los últimos 30 años, con las pretensiones del libre mercado.  Pero entre esos polos, hay muchas cuestiones confrontadas, tales como las mejores maneras de inculcar la solidaridad, frente a la tendencia del individualismo.  La enseñanza de las ciencias exactas, frente a las artes y las humanidades.  El financiamiento público frente al financiamiento privado. La formación de maestros como un problema público, hasta verlo como un modelo ligado a los intereses financieros y mercadotécnicos de las escuelas y las instituciones privadas. Ello pasa por la ciencia, la tecnología y la innovación, ¿a quien deben servir?, ¿quien las genera, quien las financia?, ¿el Estado debe subsidiar a las grandes empresas o las grandes empresas tienen que ser la punta de lanza?.

Lo cierto es que nada es claro y eso es un grave problema. Inclusive, en materia de modelos educativos, las generaciones actuales de mexicanos hemos sido formados por lo menos por tres o cuatro diferentes programas. Desde el modelo socialista hasta el modelo Montessori. Los padres han visto como en las aulas han cambiado los programas, la colocación de las sillas, la actividad en equipos, uno individual, otro que prefiere las manualidades, u otra que promueve la investigación en redes tecnológicas, entre otros.

Pongamos tan sólo un caso. como bien se ha dicho, no es lo mismo entender el problema de los maestros considerándolo como una cuestión de orden, de disciplina, de capacitación, de métodos adecuados de reclutamiento, o bien, como un problema de cargas excesivas de horas, enormes grupos de alumnos, de falta de plazas, de adecuada capacitación, entre otras. ¿Quien tiene la visión y la capacidad para decir cuál es el problema central? Son tesis opuestas que llevan a políticas y resultados totalmente opuestos.

En esta época, incluso es inentendible la afirmación contundente del secretario de educación cuando dice que el futuro debe ser la educación. ¿De qué está hablando, qué tipo de personas necesitamos formar a través la educación, que asignaturas debe tener, que herramientas, cual modelo? Lo cierto es que nos falta un escenario sobre el tipo de personas que necesitamos que sostengan la sociedad mexicana dentro de 30 años para encaminar los aspectos centrales del sistema educativo en esa dirección. Y es un tema que no se ha discutido ni siquiera mínimamente. Apenas estamos en el nivel de los cacicazgos sindicales, de la propiedad educativa, de los rechazados, pero nada más.

Manuel Castells, un estudioso español, dice que estamos embelesados de las materias de deporte, pero no sabemos qué deporte enseñar y si este educa o deseduca. Efectivamente, no es lo mismo inculcar actividades deportivas en las que predomina el individualismo o actividades que estimulan la cooperación y el trabajo en equipo.

De qué modelo educativo hablamos, cuando el éxito de las sociedades son los centros comerciales y los grandes centros de negocios, a los que es muy fácil acceder, mientras que las escuelas y las universidades se ubican en las orillas de las ciudades y son prácticamente inaccesibles?

Tailandia ya destina el 25% de su producto interno a la universidad y a la tecnología. Japón, en su reciente reforma educativa se propone formar en 20 años ciudadanos que dominen varios idiomas, que sepan hacer negocios y que tengan una visión global. Hay un modelo claro de que es y hacia donde va su educación. No es nuestro caso.

Lo que más pesa en estos días, es que el tema sea Elba Esther. Pero frente a los temas centrales de la educación hay un silencio que estremece y preocupa.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Cruzada contra el hambre


El día lunes 21 de enero, el gobierno lanzó el programa llamado “Cruzada contra el hambre”, que pretende focalizar este desafortunado tema, como parte importante de las políticas públicas. La situación social del país es muy grave. Se estima que cerca de 16 millones de personas no sólo viven en la pobreza, sino prácticamente en la indigencia.

El tema del hambre nos remite necesariamente a la situación del campo mexicano. Durante los últimos años años el agro se ha estancado. El balance arroja que el PIB agropecuario solo creció poco más de 2% en promedio, durante los últimos seis años.

Haciendo un recuento de este sexenio y del sexto informe de gobierno, tenemos que el Banco Mundial declaró que entre el periodo comprendido a finales del año 2006 y principios del 2008, el precio de los alimentos en general se incrementó en casi 50%. ¡Que difícil condición viven ahora las familias mexicanas para alcanzar su alimentación!

No hemos olvidado que al iniciar enero del año 2007, a escasos 35 días del anterior gobierno, los precios de la tortilla se dispararon “sorpresivamente” de los seis pesos en que se vendía en noviembre del año 2006 a niveles de 9-10 pesos por kilogramo en el Distrito Federal.

Incluso se reportó que en algunas entidades de la República llegó a 15 pesos. Esto representó un desmedido incremento de 67% en un solo mes para el caso de la Ciudad de México y de 150% en el interior del país. Además, los precios del trigo y del arroz se duplicaron y triplicaron, respectivamente en el mismo periodo, lo que se tradujo en el incremento del 42% de la canasta básica alimentaria.

Por otra parte, el cambio climático, traducido en sequía ha golpeado duramente al campo mexicano. Nuestros agricultores y ganaderos de 19 estados del país, han sufrido inmisericordemente sus consecuencias. Las imágenes de animales muertos por falta de agua y de alimentos no son suficientes para ilustrar la desesperación de miles de familias rurales que ven desaparecer su único patrimonio y su manera de sobrevivir.

Nuestra nación se encuentra ubicada a nivel mundial, como el tercer país que más redujo su producción de alimentos por el fenómeno de la sequía. Lo cual es preocupante porque la cosecha se redujo en 30%, mientras las importaciones se elevaron a 35%.

En el caso del maíz, las pérdidas han alcanzado los 9,000 millones de pesos. En el caso del frijol, del cual se perdieron el 60% de las cosechas, fueron 6,000 millones de pesos, los que los agricultores mexicanos dejaron de percibir este año. Nuestro país consume 32 millones de toneladas métricas de maíz, de las cuales importa 6.9 millones, una quinta parte. Sin embargo, se tiene previsto que el maíz que importamos de Estados Unidos llegue más caro, por los problemas de sequía que también manifestó dicho país.

Con relación a los cítricos, se tiene pronosticado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, que nuestro país producirá 294,000 toneladas de naranjas, limones y toronjas en la temporada 2011-2012, lo que representa una caída de 17.4% frente al ciclo inmediato anterior.

En cuanto al trigo, se tiene registrado un lastimoso record en importación, ya que suma 741 millones de dólares, un aumento interanual de 32.4%, de acuerdo a los datos establecidos por el Banco de México. El monto es superior al máximo histórico alcanzado en el 2008, cuando las compras externas llegaron a 637 millones de dólares.

Por lo tanto, el tema de la pobreza no sólo es un problema de distribución de alimentos, sino sobretodo de productividad, de rescate del campo mexicano. No nos podemos aventurar al futuro sin el soporte de un campo productivo y con mayor bienestar.

martes, 20 de julio de 2010

Homo Videns: la sociedad teledirigida

Reseña de Sonia Elizalde Alvarado (Maestría en Liderazgo-Instigh)

Giovanni Sartori: HOMO VIDENS (La Sociedad Teledirigida)

Es un libro con una reflexión importante, pues hoy en día vemos una humanidad sumergida en la televisión y la tecnología; cabe mencionar que el hombre en su afán por evolucionar y revolucionar el mundo ha sido preso de sus mismas ideas. No obstante, ha seguido un proyecto que él ha inventado con el fin de sacar ventajas y apoyos económicos, lo que a su vez le permite seguir en la misma línea, con la visión de conseguir sus metas, sabiendo que esto es perjudicial para el prójimo; no parará hasta ver realizados sus planes que lo conducen al reconocimiento individual.

En este resumen puedo exponer lo que en particular he experimentado, ya que he contribuido con lo que la tecnología ofrece pensando que todo es bueno y tratando de seguir el mismo patrón de vida, porque sencillamente pierdo el tiempo cuando aparentemente trato de descansar; alimentándome de lo que no es información y a su vez creyendo que sin ello no puedo vivir, haciendo de la televisión y la imagen un estilo de vida.

En el libro de Homo Videns se centra la atención en la televisión, y la tesis de fondo es que el vídeo está transformando al “Homo Sapiens”, producto de la cultura escrita. En un Homo Videns, para el cual la palabra está destronada por la imagen. Puesto que nos encontramos en una rápida y cambiante revolución multimedia, es decir en una revolución digital. Y a finales del siglo XX, el ser humano ha entrado en una crisis de pérdida de conocimiento y de capacidad de saber. La televisión lo ha convertido en un ciudadano que cada vez sabe menos de los asuntos públicos, es decir, de los asuntos que le habilitan para la ciudadanía. Puesto que la televisión empobrece drásticamente la información y la formación del ciudadano.

Actualmente la televisión estimula la violencia, y también informa poco y mal, con el fin de atrapar al receptor a que vea todas sus transmisiones, acto que está cambiando la naturaleza del hombre.

El mundo en el que vivimos ha estado educando a los niños a través de la televisión, incluso antes de que aprendan a leer y a escribir.

Es evidente que la televisión y hasta la radio destruye más saber y más entendimiento del que transmite. La radio porque habla también para los que no leen, aunque deben reducir más y debe ser más breve, al menos cuando están transmitiendo las noticias. Y la televisión informa todavía más que la radio, en el sentido de que llega a una audiencia mucho más amplia. Ahora en estos tiempos las escuelas ofrecen la mala pedagogía y la degradación en la que se han permitido caer. Lo único que queda por esperar es que opongan al pospensamiento que estas mismas están ayudando a crear. Y que los padres sean más responsables con sus hijos, con lo que ven tanto en la televisión así como verificar el tipo de material que buscan en Internet, para no caer en el error de estar átomo recibiendo todo lo malo que se ha permitido exponer y mostrar a los espectadores cosas que puedan ver desde cualquier sitio, desde cualquier lugar y distancia, ya que estamos globalizados, es decir, que esta distribuido en todo el mundo.

El hombre vídeo-formado se ha convertido en alguien incapaz de comprender abstracciones, de entender conceptos, que han sido sustituidos por las imágenes. Y es cierto que una imagen puede valer más que mil palabras. Pero también es verdad que un millón de imágenes no dan un solo concepto. Entonces es por esto quizá el mundo de imágenes que nos ofrece el video-ver desactiva nuestra capacidad de abstracción y, con ella nuestra capacidad de comprender los problemas y afrontarlos racionalmente. La misma televisión refleja los cambios que esta produciendo en la sociedad y en su cultura; los cambios que promueve e inspira a largo plazo. Lo que hace único al hombre es su capacidad simbólica “animal simbólico”, por su lengua, arte, mito y religión. La definición de hombre como “animal racional” no ha perdido nada su valor. Pero un hombre que pierde la capacidad de abstracción es incapaz de racionalidad y es, por tanto, un animal simbólico que ya no tiene capacidad para sostener y menos aun para alimentar el mundo construido por el homo sapiens.

El hombre posee un lenguaje capaz de hablar de sí mismo, este reflexiona sobre lo que dice. El lenguaje no es solo un instrumento del comunicar, sino también del pensar. Lo que llevo a leer y tener algo que leer, fue hasta finales del siglo XV con Gutenberg con quien la transmisión escrita de la cultura se convierte en algo potencialmente accesible a todos (con la Biblia impresa). Al culminar la reproducción impresa entre los siglos XVIII y XIX, llegó el periódico, que se imprime diariamente, de ahí viene su nombre “diario”.

Los avances tecnológicos se fueron dando. Primero la invención del telégrafo, después la del teléfono, inventos con los que desapareció la distancia y empezaba la era de las comunicaciones inmediatas. La radio ha llegado a ser gran difusor de comunicaciones, y, así como los libros, el periódico, el teléfono, la radio portan comunicación lingüística.

En cambio la televisión que está representada por imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras. Esta nos permite verlo todo sin tener que movernos: lo visible nos llega a casa, prácticamente y automáticamente gratis, desde cualquier lugar en donde te encuentres.

Hoy en día la televisión compite contra la Internet por lo que este es también, una diversión, un entretenimiento. Pero al parecer la televisión resultara vencedora entre los perezosos, o los individuos que prefieren solo el acto de mirar; mientras que la Internet triunfara con las personas activas, las que quieren dialogar y buscar para interactuar entre ellas o para utilizarlo como educativo-cultural; puesto que el usuario que busca conocimiento e información en Internet la encuentra.

La Internet también pone en riesgo a los navegadores cibernéticos, si toman muy en serio esta navegación pues podrían perder el sentido de la realidad, es decir los limites entre lo verdadero y lo falso, entre lo existente y lo imaginario. Para ellos todo se convierte en trampa y manipulación y todo puede ser manipulado y falseado.

Por otra parte, hablar sobre la video-política la televisión influye mas cuanto menor son las fuerzas contrarias en juego, y especialmente cuanto mas débil es el periódico, o cuanto mas débil es la canalización partidista de la opinión publica.

Los efectos del video-política tienen un amplio alcance, como “la televisión personaliza las elecciones.” Presentan políticos que hablan, (sin personas) en lugar de dar discursos. Los personalizan, es decir, que lo mas importante son los rostros y que la personalización llega a generalizarse desde el momento en que la política “en imágenes” se fundamenta en la exhibición de personas.

La televisión últimamente es un instrumento para los candidatos, ya no para los partidos; quienes buscan apoyo para las elecciones.

Así pues, la cultura de la imagen rompe el delicado equilibrio entre pasión y racionalidad. Porque en general la imagen es portadora de mensajes que encienden los sentimientos, agitan las emociones, excitan los sentidos y apasionan al público.

Para muchos, la democracia representativa no es satisfactoria, puesto que no es directa, y por lo tanto, la consideran insuficientemente democrática. Como consecuencia, los referendos y la búsqueda de la opinión "de la calle" aumentan. El problema radica en que a cada incremento de demo-poder no corresponde un incremento de demo-saber. La democracia, de esta forma, se convierte en un sistema de gobierno en el que los más incompetentes son los que deciden. Es decir, un sistema de gobierno suicida. Y esto es lo que los progresistas del momento, que no los de antaño, quieren. Poca gente está informada de los problemas políticos. Y entre estos, menos aún son competentes para resolverlos. Por eso, es importante que, a cada crecimiento de directísimo democrático le acompañe un aumento de personas informadas. Sin embargo, la educación está decayendo, deteriorándose por el 68 y la torpe pedagogía en auge, lo que junto al empobrecimiento causado por la desinformación televisiva y la desactivación de nuestra capacidad de abstracción debido a la primacía de la imagen (obstruyendo nuestra capacidad para comprender los problemas y afrontarlos racionalmente) nos conducen directamente a lo contrario. Por eso, en estas condiciones, el que apela y promueve un demos que se autogobierne es un estafador sin escrúpulos o un simple irresponsable inconsciente. Mientras la realidad se complica, las mentes se simplifican. Además, la televisión crea una multitud solitaria (y en el futuro, electrónica), lo que nos lleva a una pérdida de comunidad, a una individualidad.

Nos encontramos en plena revolución multimedia que se caracteriza por un común denominador: tele-ver, y en todo ello la televisión cumple un papel determinante. La primacía de la imagen, es decir, de lo visible sobre lo inteligible, lleva a un ver sin entender que ha acabado con el pensamiento abstracto, con las ideas claras y distintas. Y ésta es la premisa fundamental a partir de la cual Giovanni Sartori examina la video-política y el poder político de la televisión.
"Homo videns (la sociedad teledirigida)" es una crítica a la actual sociedad multimedia, en la que el abrumador dominio de la imagen sobre la palabra escrita está, a juicio del autor, transformando al ser humano, u homo sapiens, en un homo videns: alguien para el que toda recepción de información está basada primordialmente en imágenes, lo que conlleva una serie de peligros. El libro trata muy someramente muchos temas de gran interés, todos ellos alrededor de un eje central: la (mala) influencia que el abuso de la imagen, a costa de la cultura escrita está causando en el ser humano. El hombre actual, homo sapiens, se está transformando en homo videns; a lo largo de la obra se nos explican las causas de tal mutación: el predominio de la televisión sobre la prensa escrita como medio de comunicación de masas; y sus efectos: entre otros, la progresiva mengua del ser humano para pensar en abstracto, debido a que la imagen lo da todo ya "hecho".

En lo personal me ha sido de gran ayuda este libro por el cual concluyo; el no perder de vista la realidad en que vivimos ya que el mundo seguirá en constante cambio, y la vida superficial no tendrá fin, la tecnología será una herramienta muy importante para nuestro vivir cotidiano. Por esta razón sé que debo prepararme e informarme de forma correcta por medio de la cual obtendré una mejor calidad de vida.

martes, 30 de junio de 2009

LA DEFENSORÍA DEL PUEBLO

UNA INSTITUCIÓN FUNDAMENTAL PARA LA REFORMA DEL ESTADO

Marybel Martínez Robledos


Marco de Referencia

Nos encontramos inmersos hoy, en el proceso de Reforma del Estado, lo cual sin lugar a dudas implica, un cambio profundo en las estructuras de poder. Bajo este orden de ideas, es evidente que si este proceso no toma en cuenta a la sociedad, será incompleto e inacabado.

Es decir, que no basta con reformar algunas estructuras gubernamentales, rediseñar el régimen político, modificar la relación entre los Poderes y modificar legislación electoral. No es suficiente porque de acuerdo a la definición clásica, el Estado es un trípode constituido por Territorio, Gobierno y Pueblo. De tal suerte, que si buscamos sustituir una estructura históricamente autoritaria por una más democrática, necesitamos incluir necesariamente al ciudadano.

DESARROLLO

Como acertadamente lo ha señalado Miguel Carbonell “Desde hace varios años, buena parte de la discusión constitucional en México se ha centrado en la llamada “reforma del estado”. Todos los que han defendido la necesidad de avanzar en dicha reforma se han identificado a sí mismos como defensores de la democracia. Pero llama mucho la atención que en ese discurso democrático estén ausentes sus verdaderos protagonistas: los individuos que integran la comunidad política.

A veces, da la sensación de que se quiere hacer una reforma democrática, pero limitada al cambio institucional, al reacomodo entre los poderes, a una nueva distribución de las funciones.

Esa, sin duda, es una parte importante del Estado contemporáneo, pero no agota la realidad estatal ni resuelve todos los problemas. Podríamos tener la mejor “ingeniería constitucional” (recordando a Sartori), pero de nada serviría si no somos capaces de dotar de “poder” a las personas que viven en México, a los ciudadanos mexicanos los mismo que a los menores de edad y a los extranjeros” .

Sin lugar a dudas, algunas medidas tomadas en materia de transparencia y rendición de cuentas, las cuales son mandatadas desde la ley han contribuido a fortalecer la República, es decir a “la cosa pública”, y de unos años para acá se vislumbra en las legislaciones la tendencia a incorporar la participación ciudadana como requisito legitimador de las acciones de gobierno.

Los esfuerzos antes señalados no han sido suficientes, la realidad es distinta; en los hechos las y los ciudadanos tradicionales y comunes no tienen manera de participar en la vida pública. Ésta crisis de representación por la que atraviesa no solamente México, sino todo el orbe, ha llevado a especialistas como Sonia Fleury, a señalar acertadamente que, en los últimos años ha existido unanimidad sobre la necesidad de reformar el Estado para hacerlo más democrático, eficiente, eficaz y orientado al ciudadano. Sin embargo, la respuesta a esta necesidad está condicionada tanto por el enfoque teórico que guía la reforma como por las opciones políticas adoptadas, así como por la capacidad técnica y política de los gobiernos para implementar las medidas propuestas.

En otras palabras, la reforma del Estado debería reducir su tamaño, hacerlo más ágil, flexible y eficiente además de más responsable frente a la sociedad.

Las democracias de calidad, nos indica Morlino, tienen tres características generales y cinco “dimensiones de variación” .

Las características generales consisten en que: a) se trata de regímenes que cuentan con una amplia legitimación y que, en esa virtud, son estables (se da una calidad con respecto al resultado); b) los ciudadanos, las asociaciones y las comunidades que integran estos sistemas gozan de libertad e igualdad por encima de los mínimos (se da una calidad con respecto al contenido); y c) los ciudadanos de una buena democracia tienen el poder de controlar y evaluar si el gobierno trabaja efectivamente por aquellos valores –igualdad y libertad- con pleno respeto a las normas vigentes (se da una calidad con respecto al procedimiento).

Respecto a las cinco dimensiones de variación, Morlino nos advierte que dos de ellas son de carácter procedimental, una concierne al resultado y las otras dos de ellas son de carácter procedimental, una concierne al resultado y las otras dos son de tipo sustantivo. Son las siguientes en ese orden: a) respecto a la ley; b) rendición de cuentas; c) reciprocidad, es decir la capacidad de respuesta que encuentra la satisfacción de los ciudadanos y la sociedad civil en general; d) respeto pleno de los derechos que pueden ampliarse en la realización de las diversas libertades; y e) progresiva ampliación de una mayor igualdad política, social y económica.

Lo contrario a una “democracia de calidad” son las “democracia imperfectas o defectuosas”, las cuales pueden ser de tres tipos: a) democracia excluyente, que se caracteriza por garantías limitadas para los derechos políticos; b) democracia dominada, en la que existen grupos de poder que pueden condicionar y limitar la autonomía de los líderes electos; y c) democracia liberal, en la que los derechos civiles tienen una garantía sólo parcial .

Morlino sitúa aparte a la “democracia delegativa”, siguiendo el acertado concepto propuesto originalmente por Guillermo O`donell en uno de sus más conocidos ensayos. En este tipo de democracias, para decirlo de forma sintética, los electores efectúan una “delegación” a los gobernantes el día de las elecciones; una vez realizadas estas no existe un control permanente de la acción de los órganos del poder y además el respeto de la rule of law por parte del gobierno se da solamente de forma parcial.

A partir de lo anterior, la reforma de Estado, entonces, no puede ser vista simplemente como una alteración del organigrama del gobierno, en donde en el mejor de los casos, no pasará de una modernización administrativa, pero sí como un cambio en las relaciones entre diferentes actores y agentes económicos, políticos y administrativos, entre los cuales evidentemente se encuentran los ciudadanos.

En este sentido, Oslak sostiene que “para una interpretación más adecuada de las transformaciones que se están produciendo, se debe tener en cuenta las interacciones Estado- sociedad…”. Si pensamos en términos más concretos, vamos a encontrar que tales transformaciones requieren cambios en las relaciones entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, los agentes económicos productores, los grupos sociales y desde luego, los ciudadanos.

En síntesis, la reforma del Estado debe asumir y entender al Estado-Nación y no exclusivamente a los poderes del Estado, es decir al Estado-Gobierno.

Bajo el anterior orden de ideas, es menester reconocer que el Poder Público, se hace conciente cada vez más, sobre la necesidad de incorporar a los ciudadanos en la toma de decisiones, pues queda claro que los partidos y agrupaciones políticas no alcanzan a satisfacer las necesidades ciudadanas.

Los ecos del mundo indican la existencia de una ciudadanía en marcha, que ha empezado a influir desde hace varias décadas en la toma de decisiones y cuya opinión debe comenzar a estar plasmada en las agendas de gobierno para que éstos tengan una auténtica legitimación. Estamos pues, ante un claro indicio de que hay una sociedad políticamente cada vez más organizada y gobiernos cada vez más indiferentes, rebasados e incapaces de dar respuesta a sus demandas.

Los conflictos sociales, los enfrentamientos entre pueblo y gobierno, la emergencia de grupos violentos, la debilidad misma de las instituciones son una señal de alarma que nos indica: ha llegado la hora de compartir el poder con la ciudadanía, con la sociedad, con las comunidades, con el pueblo. Ha llegado la hora de modificar las estructuras tradicionales del Poder Público, siempre atadas a los grilletes oxidados de la verticalidad. Ha llegado el momento de sustituir el Estado autoritario por uno más democrático donde el ciudadano tenga un papel fundamental.

¿Cómo lograr lo anterior? ¿Qué hacer para que el ciudadano sea visibilizado de manera individual y no sólo como parte del conglomerado social? Sin lugar a dudas, tendremos que arribar a nuevos y mejores estadios democráticos y analizar las posibilidades de instaurar mecanismos de democracia semidirecta como el plebiscito, el referéndum, la iniciativa popular, etc.; por otro lado, perfeccionar cada vez más los mecanismos de rendición de cuentas en la idea de transparentar las acciones públicas; y desde luego, perfeccionar los mecanismos electorales y modernizar la vida interna de los Partidos Políticos.

Lo anterior, aunque indispensable no resulta suficiente. El filósofo español José Ortega y Gasset preguntaba: ¿El Gobierno debe imponerse a la sociedad o debe ser un reflejo de la sociedad?

Precisamente ahí en la pregunta está la respuesta, la cual pretendo reafirmar, con el antiguo método socrático, por lo que nuevamente pregunto: ¿Qué posibilidades tienen los mexicanos comunes y corrientes, el obrero mal pagado, el indígena marginado, el empresario en quiebra, el estudiante pobre o la mujer golpeada para participar en el diseño del Plan Nacional o Estatal de Desarrollo? ¿Qué instrumentos tienen para influir en la conformación de la agenda de gobierno? ¿Cómo puede la ciudadanía obligar al Presidente de la República, a su Gobernador o Presidente Municipal a combatir la injusticia social por encima de otras prioridades partidistas? Tal vez y en alguna medida a través de un mejor sistema de representación y participación ciudadana, me podrían contestar algunos. Pero vayamos a lo más cotidiano: ¿Qué armas jurídicas tiene el habitante de una ciudad, colonia o población para obligar a las autoridades a que sus impuestos se reflejen en agua potable, luz, pavimentación, en escuelas y hospitales? ¿Para que las policías y procuradurías lleven a la cárcel a los delincuentes que drogan y asesinan a sus hijos? ¿Cómo pueden obligar los pescadores a la Secretaría del Medio Ambiente a combatir la contaminación de los mares? ¿Cómo pueden los padres de familia impedir que a los niños y adolescentes los eduque una televisión sensacionalista y violenta?

Si somos honestos, tendremos que aceptar que los ciudadanos están solos, profundamente solos. Son rehenes de la corrupción, el abuso y la ineptitud administrativa. Necesitamos dar un nuevo equilibrio a los Poderes del Estado a través del Poder Ciudadano. No estoy haciendo una propuesta populista. El populismo es una de las enfermedades, una de las distorsiones más frecuentes de la democracia moderna. Tampoco pretendo que de la oligarquía caigamos en la dictadura de las masas, en una oclocracia que llevaría al caos.

PROPUESTA

En este sentido, resulta evidente la necesidad de crear una institución e instrumentos jurídicos claros y ágiles constituidos por ciudadanos, cuya función sea defender a los ciudadanos, al pueblo.

Si en su momento se planteó la necesidad de dividir al poder público, como un mecanismo de pesos y contrapesos, que ayudara a evitar los excesos de Poder, ahora la realidad nos exige replantearnos ésta teoría a fin de evitar no sólo esos mismos excesos sino de proteger además a la sociedad, porque no podemos dejar de reconocer que esos tres Poderes en sus diferentes niveles de gobierno, constituyen un sólo Poder Público que, aunque dividido para su ejercicio, requiere de un contrapeso igualmente fuerte, el cual sólo puede ser el pueblo.

España, la Unión Europea, Chile, Argentina, Costa Rica, Corea del Sur, Johannesburgo, Venezuela, Perú, Panamá, Colombia, entre otros países han construido una figura llamada El Defensor del Pueblo. No se trata de un Ombudsman como lo conocemos en México dedicado específicamente a defender los derechos de víctimas por el abuso violento y arbitrario del poder. El Defensor del Pueblo tiene como responsabilidad velar por la defensa y promoción de los derechos e intereses de las personas cuando los órganos de la administración pública no satisfagan sus necesidades públicas o violen sus derechos económicos, sociales o culturales.

Porque para que estos derechos sean efectivos es necesario que todos los funcionarios públicos que integran el aparato del Estado, puedan ser denunciados y estar bajo la supervisión permanente de una defensoría popular que cuente con las facultades e instrumentos jurídicos necesarios. En la idea de contribuir a la transformación social, en la lucha contra la pobreza, la ignorancia, la ilegalidad y la marginación.

Actualmente existe la Contraloría Social, figura innovadora de participación ciudadana orientada al control y vigilancia de las acciones de gobierno, pero que a pesar de sus esfuerzos a lo largo de tres sexenios no sólo no ha podido cumplir con sus objetivos, sino de alguna manera, ha desvirtuado los mismos.

En razón de ello, es que la propuesta que aquí se realiza, es el crear la Defensoría del Pueblo en nuestro País. Ya que una presión ciudadana de este tipo y con este peso, podría obligar a los gobiernos a gastar con transparencia el gasto público; se podría erradicar la corrupción y la parálisis de las oficinas de Gobierno, en suma hacer que cada funcionario público cumpla con su responsabilidad.

Desde luego, que uno de los papeles fundamentales que en mi opinión debe tener una Defensoría del Pueblo es la formación de ciudadanos. Es preciso reconocer que en México no hemos logrado formar individuos con suficiente conciencia política y social. Por ello, una de las luchas que tendría que darse desde la Defensoría del Pueblo es la transformación de los planes educativos para, desde la escuela, construir una ciudadanía corresponsable.

Ahora bien, para que un organismo de esta naturaleza tenga reconocimiento nacional e internacional es necesario atender lo que nos dice la Organización de Naciones Unidas en la materia, por lo que propongo que:

1.- Sea un organismo creado por mandato constitucional.

2.- Sea un organismo autónomo con personalidad jurídica y patrimonio propio. Ya que ser un apéndice económico más del Gobierno o de alguna entidad privada le restaría independencia, transparencia y objetividad. Además, un órgano de este tipo debe contar con una infraestructura suficientemente sólida que le permita desempeñar sus responsabilidades.

3.- Tenga como funciones el recibir y tramitar quejas, investigar por solicitudes hechas o iniciativa propia a los órganos de gobierno, hacer recomendaciones a las autoridades, que incurran en alguna irregularidad y presentar las acciones judiciales necesarias. Es decir que tenga capacidad vinculatoria, jurídica y política.

4.- La Defensoría deberá estar integrada por una representación ciudadana plural e integrada de acuerdo a los estándares internacionales, es decir un Defensor del Pueblo 2 vicepresidentes y un gabinete formado por 8 individuos, el cual pueda ampliarse de acuerdo a las necesidades concretas.

Es menester aclarar que de ninguna manera se está sustituyendo a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ni a la Secretaría de la Función Pública, y mucho menos a la Auditoría Superior de la Federación, sino que se estaría creando un nuevo organismo con atribuciones concretas en respuesta a una creciente demanda social.

En síntesis, la CNDH es un organismo de protección de los derechos humanos, la Secretaría de la Función Pública una instancia gubernamental que tiene por objeto consolidar un gobierno honesto, transparente y eficiente y la Auditoría Superior de la Federación, un órgano técnico del Poder Legislativo, que ejerce su función fiscalizadora de carácter externo a los tres Poderes de la Unión, a los órganos constitucionalmente autónomos, a los estados y municipios, y a los particulares, cuando ejercen recursos federales, en tanto que, la Defensoría del Pueblo tendría por objeto proteger los derechos del Pueblo y de los ciudadanos frente a las acciones públicas, es decir se propone, una instancia eficiente del pueblo y para el pueblo, que responda a la realidad de manera honesta, ágil y eficaz.

REFERENCIAS

Tena Ramírez Felipe, Derecho Constitucional Mexicano, México, Ed. Porrúa 1994.
Covián Andrade Miguel, El Sistema Político Mexicano, Democracia y Cambio Estructural, México, Centro de Estudios de Ingeniería Política y Constitucional A:C:, 2001.
Fleury, Sonia, Estado y Politicas Sociales en América Latina. México (1992): UAM-X/ENSP.
Carbonell, Miguel, Igualdad y Libertad. Propuestas de Renovación Constitucional, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, México 2001.

Morlino, Leonardo, Democracias y democratizaciones, trad. De César Cansino e Israel Covarrrubias, México, CEPCOM, 2005, PP. 260 y 261.